19 de octubre de 2019
QUILMES, BERAZATEGUI Y FLORENCIO VARELA

Más de 60 familias humildes fueron estafadas por la construcción de casas premoldeadas

Esteban y Virginia, estafados por Viviendas Solano.
Esteban y Virginia, estafados por Viviendas Solano.
Virginia y Esteban soñaron toda su vida con tener la casa propia. Ahorraron durante años y cada peso que juntaban los acercaban a los 30 metros cuadrados de felicidad. Para Sandra, madre soltera de dos chicos, era el cambio que necesitaba para tener un lugar digno donde vivir. Lorena y su marido duermen junto a sus cuatro hijos en una misma habitación y la casa que habían terminado de pagar en abril era el proyecto de sus vidas. Todas estas son algunas de las más de 60 historias de familias que fueron estafadas la semana pasada cuando una constructora que fabrica casas premoldeadas cerró su local sin dar aviso y sus dueños desaparecieron.

Viviendas Solano era una firma con más de 30 años en el mercado. Ubicada en la Avenida Monteverde al 2800, a su local llegaban personas de distintos lugares: Berazategui, Quilmes, Bernal, Florencio Varela. Muy reconocida en gran parte del conurbano, se encargaban de vender casas prefabricadas que variaban su precio según el tamaño y el material que utilizaban para la construcción.

Desde principios de mayo los dueños y empleados del comercio comenzaron a exigirle a las familias que apuraran el pago de las propiedades y al mismo tiempo retrasaban los envíos: que el clima no ayudaba, que el paro general había complicado los armados, que no tenían flete para trasladarlos, que justo el encargado de encastrar estaba enfermo y no podía ir.

Algunos empezaron a sospechar. Dudaban de las excusas que les decían, pero nadie jamás imaginó que de un día para el otro el comercio cerraría las persianas y sus dueños desaparecerían del mapa. Como si se los hubiese tragado la tierra. Como si un viento fuerte hubiera arrasado una casa hecha de naipes.

Para todos la historia de cómo se dieron cuenta de la estafa fue más o menos similar: primero llamaban por teléfono pero nadie atendía, mandaban mensajes de WhatsApp pero el celular sólo marcaba un tilde (que indica que el mensaje se envió, pero que nunca fue recibido), el Facebook oficial de repente dejó de existir, entonces iban hasta el lugar y allí se encontraban con un panorama desolador: persianas bajas y decenas de personas que entre lágrimas pedían explicaciones que nadie podía responder.

“El sábado -por el 3 de agosto- llegó un flete, cargó todo en el camión, cerraron el local y se fueron. Nunca más vino nadie”, les decía a los indignados el empleado de una verdulería que está pegada a Viviendas Solano. Con el correr de la semana los estafados aumentaron y al día de hoy ya son más de 60, de los cuales 40 ya hicieron las denuncias en distintas comisarías y este lunes planean ir hasta la UFI 2 de Quilmes, que es quien a partir de ahora investiga el caso.

La estafa, calculan, llegaría a más de dos millones de pesos. El dolor y la angustia de haber perdido los ahorros de toda la vida, no tiene dimensión. A Sandra Vega, de 56 años, se le quiebra la voz cuando habla con Clarín. La mujer es madre de cuatro hijos, pero vive con los dos más chicos, uno de 16 años con Trastorno del Espectro Autista (TEA) y otro de 14. “Soy bibliotecaria y madre soltera, todo lo que hago es por ellos y mi sueño era vivir en un lugar mejor. Donde estamos ahora no es muy lindo y por eso ahorré y saqué un préstamo para pagar los 88 mil pesos que me salió la casa”.

Sandra relata que llegó hasta Viviendas Solano porque tenía precios más baratos que otros sitios y porque confiaba en la cantidad de años de experiencia que tenía la firma. Ahora no solo es consciente de que la plata será difícil que la pueda recuperar, sino que además tiene que pagar durante tres años el préstamo que adquirió: “Voy a pagar por algo que ya sé que no voy a tener. Es muy triste. Mi vida son mis hijos y esto era para ellos”.

Para Virginia y Esteban era la posibilidad de tener un techo propio por primera vez en la vida. Siempre alquilando o viviendo en habitaciones que les prestaban amigos y familiares. Tenían la fecha de entrega del inmueble para el 22 de julio y para eso les exigieron que antes construyeran el piso, donde luego se colocaría la casa: “Gastamos unos 10 mil pesos para colocarlo, ya nos imaginábamos dónde iba a estar la cama, dónde el baño y dónde la cocina. En nuestra mente la casa ya estaba acá”, cuenta Virginia, de 47 años.

A fin de junio pagaron la primera parte, unos 40 mil pesos, que luego completaron con otros 31 mil que abonaron a mediados de julio. Al final sólo les quedó un terreno de 30 metros cuadrados bañado en cemento. Vacío. Un piso hecho para sostener algo que no existe. “Jugaron con nuestros sueños, con nuestra ilusión y nos destruyeron”, agregan ahora los dos, abrazados y parados sobre donde debería estar la habitación.

Las historias de esfuerzo que las familias hicieron por comprar la casa se suman a medida que pasan los días. Lorena Correa y su marido Esteban Maccarrone son padres de cuatro hijos y todos juntos viven y duermen en una misma habitación en una casa que hace cuatro años habían comprado en Viviendas Solano. Por eso con la plata que juntaron por el pago de una indemnización por despido laboral, más un dinero que reunieron de préstamos familiares y ahorro, llegaron a juntar 305 mil pesos para tener una vida mejor.

 “Habíamos tenido una buena experiencia la primera vez, por eso decidimos repetir. Nos tenían que entregar la casa el 17 de mayo, pero cada vez que llegaba la fecha de entrega, me dejaban todo el día esperando en el terreno y al final me llamaban para reprogramar la fecha. Siempre ponían distintas excusas y culpaban a terceros. Nos decían que el clima no ayudaba, o que los armadores no habían ido a trabajar, también que el camión de los fletes estaba retrasado. Así fue hasta que el sábado pasado fuimos y las persianas del comercio estaban bajas”, cuenta Lorena.

Los damnificados formaron un grupo de WhatsApp donde ahora buscan cómo seguir. La mayoría opina lo mismo, que la plata será casi imposible que la puedan recuperar, pero que por lo menos la Justicia pueda darles una respuesta sobre dónde están los dueños de la constructora y qué pasó con el dinero.

Comentarios