12 de julio de 2020
LA MATANZA

El municipio espera con tensión el pico del coronavirus

En zonas más alejadas pero muy pobladas se respeta poco la cuarentena.
En zonas más alejadas pero muy pobladas se respeta poco la cuarentena.
Igual que en toda el área metropolitana, la amenaza del supervirus pende sobre La Matanza, el distrito más populoso de la Argentina, con sus 2,4 millones de habitantes en más de una vez y media la superficie de la Capital Federal.

La “quinta provincia” en habitantes, si bien es el distrito bonaerense con mayor número de contagiados totales, más de 600 hasta hoy, tiene solamente 27 casos cada 100 mil habitantes, por debajo de la media del conurbano.

Desde que los casos en Villa Azul e Itatí (en Quilmes y Avellaneda) se dispararon, el foco se puso en las villas de todo el conurbano y La Matanza tiene 114 villas, barrios populares y asentamientos, en los que viven 220 mil personas, en la amplia geografía matancera que va desde la urbana San Justo hasta zonas rurales de Virrey del Pino donde se extienden los sembradíos de soja.

Por como viene la propagación del Covid-19, la preocupación principal está puesto en las villas del primer cordón, las localidades más pegadas a la Ciudad. “Claramente ya hay circulación comunitaria, y los peores días están por venir”, dicen en ese territorio.

Voceros del municipio que gobierna el peronista Fernando Espinoza, precisan que cuentan con 350 camas de terapia intensiva a la que sumarán otro centenar cuando abra el hospital Favaloro; hay 2.056 camas de internación de alta complejidad entre el sector público y privado más otras 4 mil de aislamiento montadas en la emergencia.

Espinoza estuvo el viernes en el barrio San Alberto de Isidro Casanova en uno de los testeos masivos del plan Detectar, casa por casa. Dijo que de 5 mil personas relevadas solo hubo 8 casos sospechosos, de los cuales 4 dieron negativos.

Aunque Espinoza se muestra optimista, y la “curva aplanada” permitió concretar la semana pasada la reapertura de 53 fábricas grandes y medianas, no todos en la oposición piensan igual.

“En La Matanza hay mucha preocupación, más desde lo que pasó con las viviendas Procrear (la protesta hace dos semanas en Ciudad Evita por el uso de un complejo terminado, para aislar familias). No hay un sistema sanitario preparado, no hay información y Espinoza sigue pendiente de su puja política con (Axel) Kicillof”, afirma el diputado nacional Hernán Berisso (Pro), del riñón de la ex gobernadora María Eugenia Vidal.

Berisso, que es matancero, explica que en el segundo cordón (parte de San Justo, Isidro Casanova, Laferrere y Rafael Castillo) y el tercer cordón (González Catán, Virrey del Pino) “el respeto a la cuarentena es 4 puntos. Allí hay un mercado informal muy grande, la gente tiene que salir a ganarse el mango y no es poca, el 70 por ciento de la gente vive allí”.

Miguel Saredi, concejal opositor, que fue candidato a vicegobernador el año pasado por el lavagnismo, integra el consejo sanitario en la emergencia: “Cuando arrancó la pandemia pensamos que iba a ser catastrófico”, afirma, pero se muestra más conforme con los aprestos y la cantidad de camas. Advierte que los días de cobro de jubilaciones o AUH la gente se abarrota por la falta de cajeros o se traslada en transporte público hacia “el primer cordón” en su búsqueda. Y que los comerciantes de San Justo están “al límite”.

Sobre la falta de cajeros, Berisso coincide: “González Catán tiene 200 mil habitantes y 4 cajeros, y funcionan 3. En Virrey del Pino hay 3 cajeros. No se pusieron cajeros móviles. El gobierno de la Provincia estuvo ausente en el 2do y 3er cordón”, dispara.

Héctor Toti Flores, diputado de la Coalición Cívica y referente social del barrio La Juanita, kilómetro 27,7 de la ruta 3 en Laferrere, al final del segundo cordón, afirma: "El aislamiento acá es difícil de concretar, quizás duermen 7 personas en una pieza, la gente anda por la calle. Faltan testeos, no sabemos bien lo que está pasando”, expresa su preocupación.

Coincide que de cuarentena, poco y nada: “Pasaba la policía y la gente salía de nuevo. Es que dijeron que era un virus para los chetos y acá nadie venía de Europa”.

Flores destaca que hayan abierto las 53 empresas y advierte de los que tenían trabajo y ya no tienen para subsistir. “La gente que trabajaba no quiere ir a una olla popular. Me dicen, tengo que salir, o me mata el virus o me muero de hambre”.

La “falta de estado desde siempre” es cuestionada por un ahora aliado kirchnerista, el veterano dirigente de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), Juan Carlos Alderete, que fue parte de la lista del Frente de Todos y entró como diputado nacional en diciembre. “Hay un temor muy grande, sabemos que el virus está recorriendo. Hay asentamientos, muchas casas muy pobres. Salen muchos lugares en televisión pero no donde nosotros vivimos”.

Alderete fue líder de los “piquetes” de la ruta 3 y hacía dúo con el también matancero Luis D'Elía allá por fines de los 90. Vive en el barrio María Elena que fundó. Su última dieta de diputado la donó íntegramente a la sala de salud del barrio, un tema del que no le gusta hacer aspavientos. Describe: “Son 1157 terrenos, viven en general dos o más familias, terrenos grandes de 11 x 40, 10 x 30 y 12 x 48. ¿Cuarentena? Los días son normales. La gente en los barrios populares subestima (el virus) se ve mucha y sin barbijo”, dice preocupado.

En la política matancera nadie desmiente la inquietud por el barrio Puerta de Hierro, en San Justo y uno de los más vulnerables del conurbano, como candidato a un cierre similar al de Villa Azul. Allí viven unas 320 familias según el Renabap. Alderete no se muestra a favor o en contra de los cierres sino que afirma que ninguna medida de aislamiento debe tomarse “sin el barrio y sin los vecinos”.

El dirigente dice sintonizar con los gobiernos nacional y de la provincia y su “apertura política”, y en otros municipios con la CCC, pero exhibe que hay diferencias en el pago chico. “Falta articulación de la intendencia con las organizaciones sociales. Estamos dando la batalla en soledad”, afirma.

La Matanza picó en punta en pedir ayuda a las Fuerzas Armadas, junto con Quilmes. Espinoza gestionó el desembarco del Ejército, a fines de marzo. Son 111 efectivos, en un operativo alimentario por el cual cocinan en 7 cocinas de campaña y reparten 24 mil raciones diarias. El municipio también celebró la llegada de 250 gendarmes para fortalecer la seguridad.

Desde el municipio defienden que 65% del distrito tiene cloacas y más del 90%, acceso a red de agua potable y aseguran que si la cosa no explotó es porque se hizo “mucha prevención” y de entrada un seguimiento exhaustivo de los casos de Covid-19 importados. También aceptan que la cuarentena se cumple según el lugar, porque “la gente vive día a día”. Oficialismo y oposición cruzan los dedos esperando que el supervirus no deje su marca en ese territorio.

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