17 de septiembre de 2021
TRAS EL RESULTADO DE LAS PASO

Alberto Fernández resiste la presión kirchnerista para cambiar el Gabinete

El Presidente se recluye en su entorno político.
El Presidente se recluye en su entorno político.
El Frente de Todos escenificó una foto de unidad, su principal activo hasta la noche del domingo. Al escenario del Centro Cultural C, en Chacarita, subieron Alberto Fernández, Cristina y Máximo Kirchner, Axel Kicillof, Sergio Massa y los candidatos. El Presidente fue el único orador que le puso el cuerpo a la derrota. Cuando se apagaron las cámaras, los aliados del oficialismo, sin embargo digirieron por separado la paliza electoral.

El jefe de Estado regresó a la residencia de Olivos con su círculo más íntimo, observado desde hace meses por el núcleo duro del kirchnerismo: el jefe de Gabinete Santiago Cafiero, el secretario general de Presidencia Julio Vitobello y el secretario de Comunicación Juan Pablo Biondi.

Cristina Kirchner, que había llegado dos horas antes que Fernández al búnker -cuando todavía reinaba el optimismo oficial-, se retiró a su casa en Recoleta. En Chacarita se había recluido, según el testimonio de varios de los presentes, en una habitación vidriada, bajó una persiana y no habló con nadie; con la excepción del Presidente.

Sí permanecieron en el Complejo C hasta bien entrada la noche Massa, Máximo Kirchner y el gobernador Kicillof. También los ministros Wado de Pedro (Interior) y Gabriel Katopodis (Obras Públicas), entre otros. La heterogénea plana mayor de la mesa de los lunes, que pergeñó las bases de la estrategia bonaerense en la gobernación, repasó los números de la Provincia municipio por municipio y la del resto de las 17 provincias donde el oficialismo fue derrotado. Faltaron para completar la nómina, además de Cafiero, Jorge Ferraresi que siguió los comicios desde Avellaneda.

No hubo grandes conclusiones. “Sería una irresponsabilidad y una canchereada decir que en 12 horas se puede entender qué pasó. Hay que parar la pelota, revisar lo hecho y mejorar en la gestión”, explicaron los colaboradores más estrechos del gobernador bonaerense.

El día después de su noche negra, el Presidente volvió a la Casa Rosada, acompañado por Biondi, Vitobello y la primera dama Fabiola Yañez para encabezar el primer acto de gestión. En el kirchnerismo no habían perdido tiempo para volver a hablar del presunto impacto del Olivosgate en los comicios, que el Gobierno relativizó casi desde el principio.

El jefe de Gabinete ya se había encargado de negar cambios inmediatos en el elenco de ministros y en ratificar en el cargo al jefe de la Cartera económica Martín Guzmán. Para otros miembros del Gabinete que caminaban la Rosada, la explicación de esa ratificación del rumbo no tiene que ver nada más con el acuerdo con el FMI y con dar un horizonte de previsibilidad al mercado cambiario. “Es el estilo de Alberto y estas son sus convicciones”, explicaban.

En el acto que encabezó Fernández en el Museo del Bicentenario para anunciar el envío del proyecto de ley de “Compre argentino”, el Presidente bajó los decibeles de la campaña. “Espero que este camino que iniciamos en 2019 no se altere. En lo que a nosotros concierne no se va a alterar”, sostuvo sin levantar la voz. Los escuchaban empresarios, el secretario general de la UOM Antonio Caló y 7 ministros del núcleo albertista: Guzmán, Matías Kulfas, Cafiero y la titular de Salud, Carla Vizzotti, Sabina Frederic y Roberto Salvarezza; buena parte de ellos en la mira del kirchnerismo.

En la Casa Rosada niegan cambios inmediatos en el Gabinete. “Va a haber cambios de velocidad, pero no de ministros”, aseguró un estrecho colaborador del Presidente. En Balcarce 50 ven detrás de las versiones de anuncios inminentes de cambios en el Gabinete, que se replicaron tras la derrota, la mano de los socios mayoritarios de la coalición que, aun cuando se ilusionaban con un triunfo, imaginaban cambios en la nómina de gobierno.

Fernández almorzó en su despacho con Katopodis, Cafiero y Juan Zabaleta. En esa mesa chica -100% albertista- hubo autocrítica, pero sobre todo se cocinaron los pasos a seguir del Gobierno para revertir el resultado en noviembre. El menú incluye más presencia del Presidente en el territorio e inminentes anuncios económicos. Quieren que la plata empiece a llegar rápido a los sectores medios y una agenda netamente de gestión, lejos del ruido y la endogamia política. Se entusiasman en engrosar el vínculo con los gobernadores. En una palabra quieren retomar el tono y empezar a saldar las promesas de la campaña de 2019.  

Los voceros de La Cámpora y el cristinismo abrazaron el silencio y pidieron no ahondar en las diferencias. En la noche del domingo, habían sido unos de los primeros en enumerar la sucesión de errores en la gestión y en la campaña. Massa permaneció en su casa con una agenda de reuniones. Desde ambos sectores promueven el desembarco del candidato de Lomas de Zamora Martín Insaurralde en el Gabinete.

“No es la derrota de Alberto, es la derrota de todos. Si nosotros tenemos que hacer cambios en el Gabinete, también tiene que hacer lo mismo Axel, que además salió a festejar el triunfo”, se lamentaba un funcionario con despacho en la Rosada, por la mañana. Por la tarde sumaban a los gabinetes de las restantes provincias y municipios del oficialismo.

El Presidente y el gobernador podrían volver a verse las caras este martes, cuando el Presidente recorra obras públicas y fábricas en Almirante Brown y en Ituzaingó. Su primera escala en el Conurbano será con dos intendentes cercanos: Mariano Cascallares y Alberto Descalzo. El primero, que además fue candidato a diputado provincial por la tercera sección, fue uno de los pocos que escapó a la debacle del peronismo. En la gobernación, por ahora, evitaron confirmar la participación de Kicillof.

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